El Pucará de La Muralla y el Colla Raymi

¿Una evidencia de sincretismo religioso?

Si bien el consenso actual establece el límite sur del Tawantisuyu en la cuenca del Maipo o, a lo más, en la del Cachapoal, identificando como último reducto imperial el Pucará del Cerro del Inca, ubicado próximo a La Compañía, al norte del río Cachapoal, existen sospechas que el Pucará de La Muralla (34° 28' 35" S; 71° 08' 33" W), correspondería a una fortaleza Incaica. (14/8 445 m)

En efecto Housse (1961) señala que el cerro donde está emplazado el Pucará es conocido por los lugareños desde muchas generaciones Cerro del Inca, en tanto que un predio que esta dispuesto al noreste del sitio es conocido desde tiempos inmemoriales como Fundo del Inca.  En su visita realizada en 1959, logra identificar los muros defensivos concluyendo que el sistema general de la obra defensiva era netamente incaica.  Solo faltaba encontrar la prueba irrefutable de encontrar vasijas de clara filiación incaica, como los hallados en el cementerio a los pies del Pucará de Chena.

En 1974 Stehberg realiza una prospección del lugar para probar si es válida la hipótesis sobre que era una fortaleza incaica.  Sin embargo, los fragmentos de encontrados correspondían a cerámica utilitaria, difícil de situar cronológicamente, que hace imposible llegar a una conclusión positiva respecto de la hipótesis planteada.  No obstante, concluye que las características de los muros y la forma y dimensiones de los recintos, permite postular una identidad con otros pucarás de la Zona Central como el de Collipeumo, Mauco y Chena, entre otros.  

Respecto del Pucará de Chena, Stehberg en 2006, tras una revisión de los sucesivos estudios arqueológicos practicados en el, concluye que el Pucará no sería sólo una fortaleza incaica, sino propiamente una huaca o lugar sagrado.  Señala que su instalación estaría ajustada a prácticas de sacralización de la geografía y estaría formando parte de un paisaje ritualizado.  Agrega finalmente que "su disposición morfológica respondería no sólo a claves zoomórficas sino también a claves astronómicas".

Aparentemente esta falta de evidencias de cerámicas que se puedan adscribir a la dominación incaica, hace que la convención arqueológica actual no incluya esta zona como parte consolidada del Tawatisuyu y establecen su límite sur en el Río Cachapoal.

Al analizar la evidencia llama la atención que no se considere su arquitectura como evidencia de su origen incaico.  De hecho, las culturas de raigambre Mapuche no construían sus fortificaciones de esta manera, sino mas bien levantaban empalizadas como las que describen Bibar respecto de Michimalongo en el valle del Aconcagua o en las cercanías de Melipilla, en el cerro Pucará.   Housse advierte que en esta última no hay ruinas de muros, sino solamente una trinchera que circunda la cumbre.

Quisiera agregar dos elementos adicionales que apuntan al orígen incaico del Pucará de La Muralla.

Camellones

En primer lugar, la explanada que está inmediatamente al sur del primer muro del Pucará, acusa la existencia de camellones, los que se divisan claramente en las fotos satelitales de Google Earth.  Estos camellones ocupan un área de algo mas de 6 ha.  Cada uno tiene un ancho de 3 metros y su longitud varía de cerca de 30 a 80 metros.

Los camellones son una técnica agrícola empleada por las culturas precolombinas de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y el NNE Argentino (ver Valdez, F. 2006).

Destacan los camellones del Titicaca descritos por Kolata, que fueron construidos por la Cultura Tiwanacu y que permitían un aumento de los rendimientos de los cultivos al mitigar los efectos de las heladas mediante la inundación de las zanjas que separaban los camellones.  De comprobarse que estos camellones tuvieron su origen con anterioridad a la conquista, se estaría ante su extensión mas sureña, siendo los mas cercanos reconocidos los del Valle de Lemay en el NNE Argentino.

La construcción de estos camellones por una parte el desarrollo óptimo del sistema radicular de las plantas, especialmente en suelos de mal drenaje y particularmente para tubérculos como la papa, muy sensibles al exceso de humedad.  Por otra parte, el control y mantención de niveles adecuados de agua en las zanjas adyacentes a los camellones permitía el riego y asimismo permite el control de las heladas.

Stehberg menciona que hay varias vertientes que proveen de agua durante todo el año. Además señala la existencia de un gran pozo circular de gran profundidad y excavado en la roca madre, a unos 100 metros al sur del tercer muro exterior.  De acuerdo a lo que informaron los lugareños a Stehberg en 1975 "ni sus abuelos recuerdan haberlo visto en función".

De esto se esta manera, están todos los elementos necesarios para la horticultura de camellones para alimentar a quienes ocupaban la fortaleza.

Coya Raymi

Una de las peculiaridades del Pucará de La Muralla, es la celebración el primer domingo de septiembre de una misa en el Pucará en honor a la Virgen.  Según Stehberg, esta es conocida como la Virgen de los Infieles y está ubicada en un promontorio que domina el horizonte oeste del sitio y la antigua laguna de Tagua tagua, hoy seca.  El peñasco esta al borde de un acantilado que da al antiguo borde de la laguna.  Es muy probable que este haya sido el Ushnu del Pucará.

La Virgen fue erigida sobre el promontorio en la década de los 20, pero la ceremonia se efectuaba desde mucho antes.  Curiosamente está dispuesta orientando perfectamente al Oeste, hacia el punto donde se oculta el sol en el equinoccio, mirando a la laguna y los cerros, de espalda a los fieles que se ubican en unas gradas construidas en la ladera que oculta el horizonte del este.


Esto parece ser la evidencia de sincretismo religioso.  De alguna manera el Coya Raymi, que se celebraba al inicio de primavera, fue transformado en un culto a la Virgen que se celebra hasta el día de hoy en la misma época del año.

De acuerdo a CENDAF  el décimo mes del año indígena era Coya Raymi Killa, que correspondía a septiembre.  Era el mes en que se efectuaban las festividades en homenaje a Mama Killa, la Luna.  Esta fiesta era conocida como la Sitúa y buscaba expulsar todos los males y enfermedades de la tierra.  Guaman Poma de Ayala describe así esta fiesta:

"Dízese este mes Coya Raymi por la gran fiesta de la luna. Es coya y señora del sol; que quiere dezir coya, rreyna, raymí, gran fiesta y pascua, porque de todas las planetas y estrellas del cielo es rreyna, coya, la luna y señora del sol.
Y ací fue fiesta y pascua de la luna y se huelgan muy mucho en este mes, lo más las mugeres y las señoras coyas y capac uarmi (señora poderosa), ñusta (princesa), pallas (mujer noble, gallana), a aui (campesina) y los Capac omis (señoras aymaras), uayros (?) y otras prencipal mugeres deste rreyno. Y conbidan a los hombres"


Conclusión

De los antecedentes expuestos, se puede concluir que el Tawantisuyu por lo menos llegó hasta la Laguna de Tagua Tagua.  

Asimismo hay evidencias para suponer que el Colla Raymi celebrado bajo el dominio de los Incas, se transformó en un culto a la Virgen María que se celebra hasta el día de hoy, en la misma época del año y probablemente con los mismos fines.

Bibliografía

CENDAF.PERU  http://cendafperu.blogspot.com/2009/08/decimo-mes-coya-raymi-killa-o-setiembre.html)

Housse, R. 1961. Pucaraes incaicos en Chile Central. Revista Universitaria.  Anales de la Academia Chilena de Ciencias Naturales N° 24.  Universidad Católica de Chile.

Stehberg, R. 1974.  Fortaleza La Muralla.  Noticiero Mensual. MNHN

Stehberg, R. 2006.  En torno al simbolismo del Pucará de Chena.  Diseño Urbano y Paisaje, Año 3 N° 9.


Valdez, F. 2006. Agricultura Ancestral Camellones y Albarradas. Coloquio Agricultura Prehispánica sistemas basados en el drenaje y en la elevación de los suelos cultivados.



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